Cartas cifradas de María Estuardo

El éxito de un sistema de encriptación se mide por su capacidad de resistir un ataque. Si el criptosistema es seguro contra cualquier enemigo con recursos y tiempo ilimitados se dice que tiene “secreto teórico o incondicional”. Por el contrario, si el enemigo dispone de menos tiempo o recursos, entonces se tiene “secreto práctico o computacional”. Los diseñadores criptográficos deben suponer que el enemigo puede realizar un ataque con texto original conocido: el criptoanalista conoce el tema del que trata el mensaje. Confiar demasiado en la robustez de un criptosistema puede costar la vida. Eso le pasó a María Estuardo, reina de Escocia y prima de Isabel I. Las conspiraciones eran tan habituales durante el reinado de Isabel I de Inglaterra que el Gobierno creó una policía secreta. Su organizador fue sir Francias Walsingham. Pronto se dio cuenta de la importancia de la criptografía y creó una red de agentes descifradores. Gracias a ellos, y a las artes criptoanalistas de un noble holandés, pudo descifrar una carta donde Don Juan de Austria revelaba sus deseos de conquistar Inglaterra.

María Estuardo llevaba entonces detenida 20 años. El objetivo de Walshingham era demostrar que e ella era el centro de una conspiración para asesinar a su prima la reina Isabel y hacerse con el trono. Aunque para muchos, era la cabecilla simbólica, María estaba tranquila, sus cartas sobre la conspiración estaban cifradas y pensaba que Walsingham no habría podido romper la complicada cifra. Pero el secretario de la reina contaba con un experto que descifró una carta donde un grupo de católicos proponía a María el asesinato de su prima. Walsingham esperó la respuesta, y el 17 de julio de 1586, María Estuardo firmó su sentencia de muerte: daba luz verde a la muerte de la reina Isabel. En octubre, María Estuardo se enfrentaba a una acusación de traición. Walsingham ya había ejecutado al resto de los conspiradores. En febrero de 1587, María fue decapitada.


María Estuardo

María Estuardo fue condenada a muerte después de que sus cartas, en las que proponía el asesinato de la reina Isabel I, fueran descifradas.